Por qué existe Mafer
Las industrias de formulación funcionan con datos moleculares: cromatogramas, históricos de formulación, perfiles sensoriales, parámetros de proceso, restricciones regulatorias. Es uno de los conocimientos técnicos más valiosos del mundo — y casi nada de él se comporta como un sistema. Vive fragmentado entre instrumentos, software antiguo, hojas de cálculo y la cabeza de unos pocos expertos.
El resultado es una paradoja: industrias que compiten en innovación hacen I+D sobre infraestructura de hace quince años. Cada fórmula empieza más cerca de cero de lo que debería, y la ciencia avanza en papers que nunca llegan al banco de laboratorio. Por eso la IA genérica fracasa aquí una y otra vez: sin estructurar primero la evidencia — el espectro, el ensayo, el contexto — no hay modelo que converja.
Nuestro research ataca la capa que falta entre el instrumento y la pregunta: estructurar el histórico experimental de cada compañía — y solo el suyo — y convertir en señal de entrenamiento lo que hoy se pierde: cada confirmación, rechazo y corrección de un experto. Sobre esa base adaptamos el estado del arte — deconvolución, predicción de retención, formulación generativa, regulación como código — al método y al producto reales de cada laboratorio. Los modelos no sustituyen al experto: ordenan la evidencia para que decida mejor, y cada decisión enseña al sistema.
Nuestro objetivo es fácil de enunciar y difícil de construir: convertirnos en el sistema operativo de la I+D en las industrias de formulación. Empezamos por los datos más difíciles del sector. Y no vamos a parar ahí.
Notas técnicas
Notas de nuestro equipo sobre los problemas en los que trabajamos: estructurar datos de cromatografía, aprender del histórico de formulación y codificar la regulación en sistemas.